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Artist: Benjamin Damage

Title: Alpha Centauri

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Artist: Shikimo

Title: Sunsets

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Como erradicar un virus: Un mundo sin poliomielitis

Foto: © Sebastian Meyer/WHO Iraq

Demian Melhem Quesada 12/07/2020

La palabra extinción, cuando se refiere al presente, tiene una connotación negativa relacionada con la avaricia y la negligencia del ser humano. Sin embargo, hay un uso de la palabra que es positivo. Aunque parezca una tarea imposible, somos capaces de extinguir de cada rincón del planeta microoganismos como los virus y bacterias e incluso los parásitos, que deterioran, incapacitan e incluso acaban con las vidas de millones de personas.

En 1980, la Organización Mundial de la Salud consiguió erradicar el virus que causa la viruela. Las únicas dos cepas criogenizadas se encuentran en laboratorios de EE.UU y Rusia. Hubo un intento político en 1990 para hacer desaparecer el virus de la faz de la tierra. En 1993 debería de haberse extinguido. Ambos países se echaron atrás. ¿Cuáles fueron las razones? Una de ellas es obvia. El virus, puede que esté oculto en algún otro laboratorio desconocido o puede que alguna de las partes no sea honesta a la hora de destruir sus muestras. Décadas sin enfrentarnos a la viruela, nos ha dejado sin memoria genética para crear anticuerpos que nos defiendan. Con un número básico de reproducción de 3.5 a 6 (R0 de la gripe es 0.9-2.1 y del COVID-19 es 3.28) y una  mortalidad del 50%, convertir al virus en un arma biológica podría tener consecuencias catastróficas. La otra razón quizás sorprenda. En el 2012 se encontraron en Siberia momias congeladas infectadas por la viruela. Más casos como este podrían surgir según avanza el cambio climático. Entre una y otra escusa, el virus se conserva en los zoológicos de microoganismos de ambos países.

La erradicación de la viruela dio esperanzas ante la posibilidad de eliminar otras enfermedades, como las paperas, la malaria, la thymosis, el gusano de Guinea y la poliomielitis.

En 1988 fue creada la Global Polio Eradication Initiative. La ONS la llamó la iniciativa de salud pública más grande de la historia. Su lema es: “Llegando hasta el último niño”. Está dirigida por la ONS, Rotary International, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDCEEUU), UNICEF, la Fundación de Bill y Melinda Gates y Gavi, la Alianza de Vacunas.

http://polioeradication.org/financing/donors/historical-contributions/

Con unos fondos de 17 billones de dólares consiguieron acabar con la poliomielitis en la mayor parte del planeta. Cuando empezó, había 1000 niños y niñas paralizadas al día. Desde entonces, gracias a la cooperación de 200 países y 20 millones de voluntarios, 2.5 millones de niños han sido vacunados.

“Nos da esperanzas. Hemos podido erradicar la polio en la India, incluso la podemos erradicar de la faz de la madre tierra… El verdadero crédito es para los 2,3 millones de voluntarios que repetidas veces vacunaron niños incluso en las zonas más remotas, a menudo en condiciones climáticas muy malas.” Manmohan Singh, expresidente de la India.

Hace 30 años la poliomielitis era endémica en 120 países. Hoy tan sólo quedan dos, Afganistán y Pakistán. Aflige la vida de las familias con pocos recursos, que necesitan a cada uno de sus descendientes para ayudarles a sobrevivir en medios de pobreza extrema. La polio es una enfermedad infecciosa que ataca al sistema nervioso, destruyendo las neuronas motoras, causando debilidad muscular y parálisis aguda flácida. Se transmite de persona a persona por secreciones respiratorias o por la ruta fecal oral, a través de aguas o alimentos contaminados. Afecta principalmente a niños y niñas de 4 a 15 años. 

Uno de los grandes obstáculos que ha tenido la iniciativa ha sido la falta de infraestructura básica de salud y transporte. Llevar las vacunas a zonas remotas con temperaturas extremas o en conflicto es toda una hazaña. La vacuna oral, que es la más usada y la más barata, necesita mantenerse a una temperatura entre 2° y 8°C.  A esto hay que sumarle los problemas de desinformación y la falta de confianza que han impedido que muchos niños y niñas sean vacunados. En algunas localidades ven con ojos sospechosos todo lo externo e incluso se considera que hay un objetivo oculto en todo lo relacionado con el primer mundo. Tampoco es fácil acceder a lugares cuando surgen enfermedades infecciosas como el Ébola o el Covid-19. Los problemas de género, también dificultan la tarea, desempoderando a las madres. Para terminar de entender lo difícil de esta iniciativa, se ha de tener en cuenta que en muchas de las zonas más pobres del planeta, los conflictos armados son tan frecuentes como los incendios estacionales.

Una vacunadora marcando a una niña que ha recibido la vacuna. ©WHO

Noora Awakar Mohammad tenía solo dieciséis años cuando comenzó a trabajar como voluntaria para el Programa de Polio en Somalia. Ha vivido una guerra civil y varios conflictos armados, que han dejado la infraestructura de salud de su país en ruinas. “Durante los años de la guerra civil, en muchas ocasiones la campaña de polio se detuvo debido a intensos combates. Tan pronto como la lucha se detenía, corríamos a las comunidades para vacunar a los niños.”

Muchas áreas son inalcanzables debido a la presencia de grupos no estatales. Estos grupos, que se oponen a la vacunación, han sido responsables de crear miedo entre los padres al difundir información errónea. “He visto por un lado a los padres negarse a vacunar a sus hijos, mientras por el otro las madres nos piden que los vacunemos. En circunstancias tan difíciles, tenemos que buscar la ayuda de líderes religiosos para convencer a los padres que se niegan.”

Vacunadoras comprobando el material. ©WHO

Zainab Abdi Usman es una comadrona en Somalia. “Durante la guerra civil, solía llevar la vacuna en un termo para mantenerla fría. La escondía debajo de mi ropa. Si los combatientes tenían sospechas, no me permitían ir a las comunidades para vacunar a los niños. Hay muchas áreas que permanecen inaccesibles.”

Reunion comunitaria para informar a los padres. © Dawood Batozai/WHO Pakistán.

Los países con niveles más bajos en igualdad de género tienen niveles de inmunización inferiores y menos equitativos. En las sociedades patriarcales, las madres se encuentran con barreras sociales y físicas que limitan sus capacidades para cuidar a sus hijos. La mayoría de las mujeres viven en completa dependencia, careciendo de los recursos y la autonomía para buscar atención médica. En estas sociedades, las trabajadoras sanitarias son más efectivas que los hombres. Ellas pueden ingresar a los hogares en áreas más conservadoras, vacunar a los niños y compartir información importante con las madres acerca de los beneficios de las vacunas.

En medio del calor extremo de la ciudad de Kandahar en el sur de Afganistán, Anis Faizy, de 24 años, se mueve con confianza entre las casas. Su objetivo es hablar con las familias que se niegan a vacunar a sus hijos contra la polio. Es oficial de Comunicaciones del Distrito para el Programa de Poliomielitis, y dirige un equipo de 56 trabajadores comunitarios.

Anis Faizy © UNICEF/Afganistán

Cuando Anis comenzó su trabajo, su padre le dijo: “Haz lo que sea mejor para ti.” Los vecinos de su comunidad, socialmente conservadora, no vieron con buenos ojos el rumbo que eligió tomar la valiente afgana. Otros le dijeron que podría ser asesinada mientras trabajaba, que no es seguro para las mujeres. Las mujeres deben quedarse en casa.

Para erradicar la polio de Afganistán, Anis cree que hay mucho por hacer. “Necesitamos mejores servicios de salud y saneamiento, más mujeres para acceder a los hogares y mejores relaciones con las autoridades locales para garantizar que las familias acepten la vacuna… Seguiré trabajando duro para que cada niño pueda caminar, asistir a la escuela y crecer sano. Es la causa de toda la comunidad para las generaciones futuras.”

El continente africano, con su subdesarrollo y recursos limitados, parecía una presa fácil para el Covid-19. Gracias a la lucha contra la polio no ha sido así. Gran parte de los recursos que estaban consignados a la erradicación del poli virus han sido destinados a la lucha contra el corona virus.

La red de laboratorios de polio coordinada por la OMS está utilizando el 50% de su capacidad para los test del COVID-19. Un cuarto de los trabajadores de la OMS han centrado sus funciones en la lucha contra el nuevo enemigo. Más de 2000 expertos de la OMS, UNICEF, Rotary, así como consultores del CDC EE.UU. refuerzan la respuesta contra el virus. La OMS ha adaptado las aplicaciones de teléfonos móviles desarrolladas con el fin de controlar el brote de polio, para que se utilicen en el seguimiento de contactos del COVID-19.

Aun así la Dra. Moeti, Directora Regional de África de la OMS, enfatiza: “Es importante que el apoyo a la respuesta COVID-19 no ponga en peligro el progreso realizado para detener todas las formas de transmisión de la poliomielitis en la región. La lucha contra la pandemia no debe ir en detrimento de otras emergencias de salud.”

A pesar de todos los obstáculos, la erradicación de la polio es un objetivo más que probable. En las últimas décadas ha sido reducida casi por completo. En 1988 había 350 mil casos. A 7 de Julio del 2020 tan sólo quedaban 85 casos salvajes confirmados. Unos años más y lo habremos conseguido. Gracias al esfuerzo mundial, el ser humano habrá eliminado el segundo microorganismo de la lista de enfermedades que afectan nuestras vidas.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ritmo_reproductivo_b%C3%A1sico

http://esmateria.com/2012/11/21/la-viruela-reaparece-en-unas-momias-congeladas-en-siberia/

https://www.historyofvaccines.org/content/articles/disease-eradication

https://es.wikipedia.org/wiki/Poliomielitis

La revolución de un adolescente que soñaba con limpiar el planeta.

Photo: Boyant Slat 12/12/19

Demian Melhem Quesada 18/06/2020

A los 16 años, Boyant Slat (1994) buceando en Grecia, vio más plásticos que pescados. A mí me pasó lo mismo en Ibiza. La diferencia es que para este adolescente holandés, esa experiencia marcó el rumbo de su vida revolucionando la conservación de los océanos. Investigó la polución de plásticos en el medio marino y se propuso solucionar un problema que la mayoría de los científicos y ecologistas veían como una tarea imposible. Tuvo una idea, crear un sistema pasivo de recolecta usando la circulación de los océanos. En el 2012, con tan solo 18 años presentó su proyecto en TEDx (https://www.youtube.com/watch?v=ROW9F-c0kIQ). “Hubo una edad de piedra, una de bronce, y ahora estamos en mitad de la edad del plástico”, comenzó diciendo.  Un año más tarde abandonaría su carrera de ingeniero aeroespacial para fundar The Ocean Cleanup. A los 20 recibió el premio Champions of Earth de las Naciones Unidas, a los 23 fue elegido Europeo del año, y a los 24 ganó el premio Leonardo Da Vinci, y el premio al Emprendedor Europeo del Año. Antes de ver la revolución del joven holandés, profundicemos en el problema.

En 1988 fue reconocida por primera vez la Gran Isla de Basura del Pacífico Norte. Hoy en día hay un total de 5 islas. Una en el Océano Índico, dos en el Atlántico y otros dos en el Pacífico. Son formadas por la rotación de las corrientes de los océanos, que atrae los desechos provenientes de la tierra y de los barcos.

En los últimos años ha habido un incremento exponencial de plásticos en los océanos. La primera causa es que el plástico está en todas partes, abaratando el coste de los productos que compramos. Pero principalmente, lo que ha potenciado este incremento ha sido el progreso de países que antes vivían en pobreza. La subida de los sueldos y el incremento en el consumo, unido a la subdesarrollada infraestructura de recolección de basura han saturado los ríos que son como venas infectadas por plásticos que acaban en las playas y las islas de basura. (https://oceanconservancy.org/wp-content/uploads/2017/04/full-report-stemming-the.pdf)

Las manchas o islas de basura se extiende en el agua desde la superficie hasta el suelo marino. Hay de todo, grandes redes de pesca, ruedas de coche, juguetes, gomas, telas, cristal, papel, aunque lo que predomina son los plásticos. La mayoría de esta basura se descompone pasados los años, los plásticos no. Se subdividen cada vez más hasta crear microplásticos inferiores a 5 mm de tamaño. Se estima que cada minuto un camión de basura lleno de plásticos es desechado al océano. 1440 en un día, 8 billones de camiones de basura al año. (https://marinedebris.noaa.gov/)

Los microplásticos destruyen la fauna marina, pero no es tan sólo un problema que afecta al medio ambiente. En un artículo del Washington Post publicado en Octubre del 2019, titulado “You´re literally eating microplastics”, se calcula que las personas en EE.UU. consumen de media 74 mil partículas de micro plásticos al año. Otro estudio de World Wildlife Fund estima que ingerimos 5 gramos de plástico a la semana, el equivalente a una tarjeta de crédito. Los ingerimos en la comida, la sal marina, el agua del grifo o la embotellada, la cerveza e incluso en la miel. Los estudios acerca del efecto de los micro plásticos en el cuerpo humano no son conclusivos. Es un nuevo espacio de investigación que ha surgido en los últimos años. Pete Myers, científico fundador de Environmental Health Science y profesor de química de la Universidad de Carnegie Mellon en EE.UU. dice que algunos plásticos están compuestos por productos químicos que han sido estudiados y que afectan al cuerpo humano. Lo que no se sabe es de qué manera afectan tantas micro dosis de plástico. En un artículo publicado por Environmental Science & Technology se confirmó que nuestro cuerpo se deshace de la mayoría de los micro plásticos, aunque se ha comprobado que en animales, los plásticos traspasan las barreras del cuerpo invadiendo la sangre y el sistema linfático, siendo acumulados en algunos órganos. (https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acs.est.7b00423)

Para limpiar los océanos es necesario la ayuda global. Marine Debris Program, presenta tres ideas de como podemos cada uno de nosotros aportar nuestro granito de arena. Participa en limpiezas comunitarias de playas, intenta utilizar el mínimo número de plásticos, recicla materiales vendiéndolos o comprando objetos de segunda mano. A esto añadiría ayudar a estas empresas con fondos o con voluntariado.

La mejor solución, en estos momentos, es prevenir que se acumule más plástico. Es como si la bañera estuviera desbordándose, lo primero que haríamos sería cerrar el grifo.

Volvamos al joven genio Boyan Slat, quien ha atraído la atención de gobiernos, organizaciones, empresas y el público hacía un problema que nos afecta a todos. Consiguió poco más de 2 millones de dólares a través del crowdfunding para comenzar a desarrollar su idea. En el 2014 realizó un estudio del potencial del proyecto y fue criticado por presentar algo que se consideraba técnicamente imposible. En principio sus oponentes parecían tener razón. Algunos de los sistemas que creo fueron destruidos por tormentas, otros simplemente comenzaron a rotar con la basura, sin recogerla. 5 años más tarde llegó la primera victoria. Uno de sus sistemas funcionó recogiendo 4 contenedores llenos de plásticos en la Gran Mancha del Pacífico Norte. El siguiente paso es ampliar el sistema y con los fondos necesarios, en 5 años limpiar la mitad de la mancha. (https://theoceancleanup.com/oceans/)

Su otro proyecto surgió como solución alternativa ante los fracasos iniciales en la limpieza del océano. Realizaron estudios en los que estimaron que 1000 ríos de los 30.000 ríos que emiten desechos, generan el 80% de los desperdicios. En la página de The Ocean Cleanup hay un mapa muy interesante, en el que cada río está señalado con la cantidad en kg que emite al año. Os aconsejo verlo. Seguro que os sorprende. (https://theoceancleanup.com/sources/)

Trabajando con gobiernos, corporaciones y comunidades científicas aspiran a realizar proyectos de limpieza en estos 1000 ríos para el 2025. Para ello han creado un Interceptor alimentando con paneles solares, capaz de ser utilizado en la mayoría de los ríos del mundo sin afectar a la fauna acuática. Hay dos Interceptores en funcionamiento, uno en Jakarta, Indonesia, y el otro en Klang, Malaysia. Un tercero será instalado en el delta del Mekong en Vietnam y un cuarto en la República Dominicana. Tailandia está en negociaciones y EE.UU también. Este sistema es mucho más barato que tratar de recolectar el plástico en mitad del océano. Aunque ambos proyectos son importantes. (https://www.woi.economist.com/the-pros-and-cons-of-blue-tech-in-tackling-marine-plastic-waste/).  

En su podcast, Joe Rogan (https://www.youtube.com/watch?v=whRVyywTov4) le pregunta: “¿Cuánto tiempo le dedicas a este proyecto? ¿Es lo único que quieres hacer en tu vida?” Él contesta: “Me siento culpable cuando tengo tiempo libre, aunque las mejores ideas surgen cuando descanso. Trabajo de 9 a 9. En el último año no tuve ni un día libre, pero mereció la pena. Hemos avanzado mucho. La gente no se da cuenta de que el mejor recurso que tienen en su vida es el tiempo. Tienes que utilizarlo de manera inteligente. Creo que tenemos mucho más potencial del que la gente realiza en sus vidas. Si tan solo se dieran cuenta lo importante que es el tiempo…  Lo que quiero es solucionar problemas. Me pareció que las islas de basura eran un buen inicio.” Joe se ríe sorprendido y le pregunta: “¿Tú primer proyecto es resolver algo que nadie sabía cómo resolver? ¿Qué vendrá después?”

“Una de las dificultades que tenemos –le dice a Joe–, es que el sistema actual de la sociedad no es bueno a la hora de valorar objetivos a largo plazo que nos benefician en el futuro. Principalmente porque no es fácil ganar dinero con ello.”

Joe le pregunta si ha encontrado resistencia, sobre todo por su juventud. Él contesta: “No, realmente no, aunque desde el principio ha tenido detractores. Los primeros fueron los escépticos que piensan que no se puede hacer, pero la evidencia demuestra que si se puede. Después están los que ven los problemas morales, ya que estamos solucionando las consecuencias, no las causas. A estos les pregunto, ¿preferiríais que devolviéramos todo el plástico al océano? Dicen que no, por supuesto, y a partir de ahí comienzan a entender el valor de lo que hacemos. Otros piensan que los recursos pueden ser utilizados en proyectos más útiles. Una persona me dijo que el problema real es el cambio climático, solucionar el problema del plástico es tan solo una distracción. Bueno, yo pienso que hay muchos problemas que resolver.”

Termina contando como ve el mundo: “El ser humano nunca ha estado mejor a lo largo de la historia. Hemos progresado enormemente, en parte gracias a la evolución de la tecnología, las instituciones, y por nuestra habilidad de colaborar colectivamente en grandes números. Hay un lado negativo también, que se ve claramente en el medio ambiente… ¿Cómo resolvemos lo negativo? Una manera es la forma reactiva, consumir menos, pensar que las corporaciones son malas y la tecnología es mala, por lo que tenemos que deshacernos de ello. En parte lo veo en el movimiento medioambiental moderno, que ve de manera romántica el pasado. Antes vivíamos en armonía con el medio ambiente, deshagámonos de la modernidad, intentemos volver a un modo de vida pura. Yo creo que ver las cosas así es un poco irrealista. La gente quiere sus móviles y coches y al mismo tiempo no creo que sea la mejor manera de enfrentarse a estos problemas. Es como enfrentarse a un tanque con arco y flechas. La tecnología es un instrumento que expande las capacidades del ser humano. ¿Por qué no utilizar esas capacidades para resolver los problemas? Tenemos que aceptar esas fuerzas que nos hacen ser humanos en el presente, que han creado este mundo tan increíble. Para resolver los aspectos negativos de la evolución, por ejemplo, la sobre explotación del pescado, no se va a resolver volviéndonos todos vegetarianos. No es algo que parezca posible. No es lo que quiere la gente. Es más probable que se resuelva a través de la carne sintética. Los problemas de la contaminación generados por el transporte no se van a resolver porque dejemos de viajar en aviones o dejemos de ir a lugares. No es una forma de pensar realista, la gente viaja cada vez más. ¿Por qué no buscar soluciones en las que viajar no sea pernicioso para el medio ambiente? No son soluciones perfectas, pero son las soluciones que tenemos. Hemos de aprender de las cosas que hacemos bien, y aplicarlas para solucionar problemas. La innovación y la colaboración son nuestros aliados. No creo que estar en contra de algo sea una manera productiva de solucionar un problema, no nos mueve hacia adelante. Hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, puedo protestar acerca de ello, pero prefiero construir un futuro mejor.”

Aqui os dejo algunos enlaces útiles:

https://marinedebris.noaa.gov/discover-issue/trash-talk

https://theoceancleanup.com/

https://thegreatbubblebarrier.com/en/

https://marinedebris.noaa.gov/

https://oceanconservancy.org/

La lucha contra el racismo de Daryl Davis.

Photo: Daryl Davis junto a un miembro del KKK

Demian Melhem Quesada 10/06/2020

Daryl Davis (1958), es una persona excepcional en un mundo en donde se categoriza a la gente a tiro de bala, sin darles la oportunidad para exponer sus ideas. Ha conseguido lo imposible, ser un ejemplo capaz de cambiar la mente de altos cargos del Ku Klux Klan. En el salón de su casa, se siente orgulloso de mostrar las togas de los ex miembros convertidos, que algún día pasarán a formar parte de un museo dedicado a esta parte tan oscura de la historia de EE.UU.

La primera vez que le escuche hablar fue en el podcast de Joe Rogan (30/01/20) que comienza con una pregunta directa: “¿Cómo lo has conseguido?” Daryl sonríe. Gran parte de la entrevista sucede entre risas por más que el tema sea difícil de tratar. “De manera directa e indirecta, fueron unos 200 más o menos. Soy músico, toco rock and roll, swing, jazz, blues. A todo el mundo le gusta la música, incluso al KKK. Un día me encuentro en uno de esos bares en los que los hombres negros no somos bien venidos, tocando con una banda de country. Era el único negro en la banda y el único negro en el bar.” Cuando terminó de tocar, un hombre se acercó y de manera afable, le puso el brazo sobre los hombros. Le dijo: “Nunca he escuchado a un negro tocar el piano como Jerry Lee Lewis.” Daryl no se sintió ofendido. Lo que le sorprendió fue que una persona quince años mayor que él no supiera del origen negro del estilo de Jerry Lee Lewis, el Black Blues y el Buggy Boogie. El hombre blanco no creyó lo que Daryl le dijo, pero estaba tan fascinado que le invitó a una bebida. En la mesa, la conversación continuó: “Ésta es la primera vez en mi vida que me siento a hablar con un negro.” A Daryl le pareció extraño, por lo que le cuestionó hasta que finalmente admitió: “Soy miembro del Ku Klux Klan.” Sin saberlo, llevaba toda la vida preparándose para ese momento. A los 10 años sufrió un incidente que le marcó. En un desfile de los Boy Scouts, un grupo de personas le tiraron botellas, latas y piedras. Pensó que a ese grupo no le gustaban los Scouts, hasta que se dio cuenta que él era la única diana. Sus compañeros le protegieron, cubriéndolo. Volvió a su casa y le contó lo sucedido a sus padres. Por primera vez escucho la palabra racismo. En su mente comenzó a fraguarse la pregunta que le guiaría el resto de su vida: “¿Cómo pueden odiarme si ni siquiera me conocen?” Para entender como piensan los racistas leyó libros de supremacía blanca, supremacía negra, el KKK, los nazis y los neo nazis. Lo que no se esperaba es que años más tarde, un miembro del KKK le invitara a una bebida. El hombre blanco le dio su número de teléfono y le dijo: “Llámame cada vez que vengas a este bar. Quiero invitar a mis amigos a que vean a un negro tocar como Jerry Lee Lewis.” Sus amigos eran miembros del KKK, sin togas claro, vestidos como cualquier otra persona. Algunos le escucharon hablar interesados en lo que Daryl decía, otros se iban de la mesa en cuanto se acercaba. Poco a poco comenzó a tomar forma la idea de escribir un libro. En 1998 lo publicó con el nombre de Klan-Destine Relationships: Black Man’s Odyssey in the Ku Klux Kan. El primer libro acera del KKK escrito por un autor negro.

La primera entrevista que quería para su libro era la de Roger Kelly, el líder estatal del KKK en Maryland en donde se encuentra Baltimore. Daryl le citó en la sala de reuniones de un hotel, sin que éste supiera que su entrevistador era un hombre negro. Roger Kelly asistió con su guardaespaldas armado. Al ver quien le esperaba, se tropezó. Daryl se levantó y les ofreció su mano que ellos aceptaron. Entre miradas de tensión, se sentaron uno enfrente del otro, teniendo una pequeña mesa entre ellos. Tardaron diez minutos en que la conversación derivara en los típicos prejuicios de racismo. “Los negros son inferiores. Tienen una tendencia innata al crimen por eso hay más negros en prisión que blancos. Los negros son vagos, no quieren trabajar, prefieren engañar al sistema de ayudas para vivir gratis… Los últimos estudios demuestran que los negros tienen el cerebro más pequeño que los blancos, es un hecho, por eso vuestro IQ es más bajo.” Daryl hizo lo inaudito, no se sintió ofendido. “¿Por qué he de ofenderme por alguien que no sabe nada acerca de mí? Vio el color de mi piel y me juzgó. ¿Por qué me voy a ofender de alguien que está contándome una mentira? Lo que decía no tenía ningún sentido. ¿Por qué me voy a ofender por alguien que es tan retorcido?” Daryl le contestó: “Sr. Kelly, yo no tengo ningún récord criminal. Nunca he dependido del gobierno para vivir. No sé que tan grande es mi cerebro, pero estoy seguro que es tan grande como el de cualquier otro.” Roger golpeó la mesa diciendo: “La biblia dice que…” El momento que Daryl esperaba. Se agachó para sacar su biblia. Al poner su mano por debajo de la mesa, acercándose a la mochila, el guardaespaldas tensó su mano encima del arma. En ese momento se dio cuenta de que le tenían miedo. Daryl se mantuvo tranquilo. La conversación continuó. A la hora se escuchó un ruido que Daryl no supo como identificar. Se asustó. Su primer impulso fue abalanzarse hacia adelante sobre la mesita. Por su mente comenzaron a desfilar los miedos. Roger Kelly es mi enemigo, un líder del Ku Klux Klan. Quizás tenga un arma debajo de su traje. La voz de su primer amigo del Klan surgió en su mente diciéndole: “Daryl, no te tomes a la ligera al Sr. Kelly, te puede matar.” Se dijo a si mismo, no quiero morir. Según se abalanzó hacia adelante, clavó su mirada en los ojos de Kelly, sin decir una palabra, sujetando la mesita. Surgió un silencio eterno que en realidad fueron fracciones de segundos. La asistente interrumpió, señalando al cubo con las bebidas. El hielo había comenzado a derretirse y las botellas y latas se deslizaron por la gravedad. En ese minuto cualquier cosa podría haber sucedido. El miedo estuvo a punto de dictar los sucesos. Las risas prosiguieron aligeraron el resto de la velada. La increíble mente de Daryl aprendió una lección que aplicaría el resto de su vida. En palabras de Daryl: “La ignorancia genera miedo. Le tenemos miedo a lo que no entendemos. Si no mantenemos el miedo bajo control, el miedo generará odio. Odiamos las cosas que nos dan miedo. Si no mantenemos ese odio bajo control, el odio generará destrucción. Queremos destruir lo que odiamos. ¿Por qué? Porque lo que odiamos nos causa miedo.” El ciclo casi se cumple por completo. La destrucción pudo haber sucedido en un chasquido de dedos. “Si queremos solucionar el problema del racismo, tenemos que dejar de centrarnos en los síntomas –le dijo a Joe Rogan–. No te preocupes por el miedo o por el odio. Eso son tan solo síntomas. Es como poner una tirita en el cáncer. No sirve, tienes que ir a lo profundo para vencer al cáncer, al origen. El origen es la ignorancia. La ignorancia puede ser curada a través de la educación. Si no hay ignorancia, no hay miedo, sin miedo, no hay odio, sin odio no hay destrucción. Tenemos que exponer ideas, conversar y educar.”

Cuando se despidieron, Roger Kelly le dijo que se mantendrían en contacto. Años más tarde cenarían en la casa de Daryl sin guardaespaldas. Kelly le invitó a alguno de sus eventos. Daryl acudía en silencio. Participó en ceremonias en donde se quemaban cruces, a grito de: “White Power,” rodeado de encapuchados. Participó en charlas en las que se trataba el futuro de la raza blanca. “Para el 2040 se pronostica que en EE.UU habrá un 50% de blancos.” Eso es lo que temen, hasta el punto de llamarlo el genocidio blanco. Daryl aprendió como se expande el racismo por las zonas pobres. “Nos quitan el trabajo. Se casan con nuestras mujeres.” A nadie le importaba su opinión en las reuniones. Era tan solo un negro. Algunas charlas eran boicoteadas por personas que se oponen al racismo. En un video de Youtube, llamado “Daryl Davis with the KKK”, Kelly demuestra su aprecio por Daryl, por respetar su libertad de expresión, mientras un grupo de personas blancas chillan y no le dejan hablar.

Joe Rogan le dice en su podcast (14/02/2020) a Melissa Chen hablando acerca de Daryl Davis: “La manera de silenciar ideas no es a través del boicot y la negación, sino a través del discurso, exponiendo ideas… cuando hay debates beneficia a muchísima gente. Cuando lo silencias no beneficia a nadie.” Melissa le contesta: “Por qué cuando hay un debate de ideas, de lo que se tiene miedo es que la gente tienda a la extrema derecha? ¿Por qué no puede ser al revés?… Tienen miedo de que  la gente sea indoctrinada… es una mentalidad paternalista. Piensan, esa gente es menos inteligente que yo, yo sé más. Ellos no pueden ser expuestos a esas ideas. A mí no me pueden engañar, pero ellos pueden ser engañados por la ideología de derechas.”

En el 2016 la vida de Daryl Davis fue plasmada en el documental llamado “Accidental Courtesy: Daryl Davis, Race and Amercica” que puedes ver en Amazon Prime. Su protagonista cuenta una historia en la cual un líder del KKK le pregunta si conoce algún lugar en donde alquilar un autobús para ir una congregación del KKK. Su autobús estaba estropeado tras ser apedreado por los antirracistas. Para su sorpresa, Daryl les ofreció su autobús, el que utiliza en sus tours.

Kim Brooks le pregunta a Daryl en una entrevista para Fusion (15/09/16): “¿No crees que hay un punto en que te pasas de la raya y comienzas a apoyarles?” Él contesta: “No, para nada. No apruebo ni apoyo ninguna agenda de racismo o supremacía, ya sea blanca o negra. Lo que apoyo es su derecho a expresar sus puntos de vista y la libertad de expresión.”

El punto de inflexión para Daryl fue cuando comenzaron a interesarse por su opinión. “Ahora la opinión de un hombre negro cuenta.” Roger Kelly se atrevió a invitarle a su casa tras ser ascendido a líder nacional, liderando el KKK en todo EE.UU. Pasaron 7 años desde que se conocieron hasta que Kelly le dio su toga. En otros casos tan sólo necesitaba unos meses. Kelly no sólo dejó de ser parte del KKK, sino que disolvió el KKK a nivel nacional. Desde entonces el KKK está formado por grupos divididos en distintas zonas de EE.UU. Daryl intenta quitarse importancia en la entrevista que le hizo Russell Howard (3/11/17): “Nunca intenté convertir a nadie. En mi búsqueda, algunos de ellos acabaron convirtiéndose ellos mismos.”

En su charla de TED (8/12/17) explica: “El respeto es la clave. Hay que respetar para escuchar los puntos de vista de cada uno. Por mi respeto y mi voluntad para escucharles, ellos acabaron escuchándome a mi… Soy un músico, no soy un psicólogo, ni sociólogo. Si yo puedo hacerlo, todos vosotros podéis también. Hablad con vuestros adversarios. Aprenderéis algo y ellos aprenderán algo de ti. Cuando dos enemigos hablan, no se están peleando, están hablando. Cuando no hay diálogo es cuando el terreno se vuelve fértil para la violencia. Mantened la conversación.”

Daryl Davis con los activistas de Black Lives Matter

No todo el mundo está de acuerdo con Daryl. En el último tercio del documental de su vida, sucedió un enfrentamiento poco amistoso con activistas del Black Lives Matter de Baltimore, una las ciudades de EE.UU. conocida por la violencia policial. Sentados en un bar, un activista le preguntó acerca de los supremacistas blancos: “¿Por qué tengo que llevarme bien con ellos?” Él le contestó: “Porque todos tenemos que vivir juntos en este país. Sino acabaremos destruyéndonos.” La sangre comenzó a hervir cuando le cuestionaron acerca del museo del KKK que Daryl quiere abrir. El activista levantó la voz y le le dijo: “¿Sabes lo que es el trauma intergeneracional? Yo no quiero que mi hija vaya a un museo a revivir el sufrimiento que hemos vivido a lo largo de la historia. ¿Por qué tendría que ir?” Daryl contestó: “Porque para saber a donde vamos, primero hay que saber de donde venimos.” A Daryl, por primera vez, se le vio perdido ante la ira de los que se sientan al otro lado de la mesa. Quizás pensó que estaba hablando con alguien en el lado opuesto al KKK. El problema es que no se pueda comparar el sufrimiento de los blancos y su ignorancia, con el sufrimiento institucionalizado de las personas negras. Los activistas alimentados por la rabia histórica y las injusticias vividas cada día de sus vidas, fueron incapaces de aceptar que el camino que propone Daryl también es válido para enfrentarse la racismo. Le dijeron que ha perdido años valiosos dedicando su vida a convertir a racistas en lugar de ayudar a su comunidad. “Infiltrar al Klan no es liberar a tu gente. Liberar a blancos con sus privilegios, eso no es un logro. No tienes ni idea de como vive la gente como tú. Podrías estar en las calles ayudando a tu gente, así que deja de perder el tiempo ayudando a la gente que no te quiere en sus casas.” Se despidió de Daryl, sin aceptar su mano. El último activista, uno de los organizadores del grupo, de mayor edad, le dijo: “Si hubieras venido a Baltimore y vieras el trabajo que estos chicos han hecho… hemos protestado juntos, a uno de ellos le han arrestado. La falta de respeto con que les has tratado es despreciable… ¿Dónde estabas cuando las marchas sucedieron en Baltimore? Estabas con tus amigos del Klan faltando al respeto a nuestra gente. Si no puedes respetar a mi gente por el trabajo que hacemos, vete con ellos. Tantas vidas perdidas, me importa una mierda tus togas, no vuelvas a Baltimore con esa mierda, no vuelvas.”

Joe Rogan impresionado por las historias que Daryl le cuenta, le dice en admiración: “Tienes una habilidad increíble para perdonar a personas que otros odiarían por el resto de su vida, gente que otros pensarían que son monstruos horribles, que no merecen ser salvados.”

Daryl contesta: “No es tan así, hay monstruos horribles en todos los lados que irán a la tumba llenos de odio, siendo violentos, racistas y antisemitas. Nunca van a cambiar, pero si al menos consigues que una de esas personas en el extremo se sienten en la mesa a hablar, al menos hay una oportunidad de plantar una semilla. Una semilla que tiene que ser cuidada. A la que hay que dar agua frecuentemente, para que crezca. Cuando ves a las personas en los dos extremos, piensas, no tienen nada en común, pero si pasas 5 minutos con tu peor enemigo, encontrareis algo en común. Si alimentas esas cosas en común, la separación se empequeñece, se forma una relación. Al seguir alimentando esa relación, la separación se empequeñece aún más. Cada vez estáis más cerca. Cuando ya casi no hay separación, habéis encontrado muchas cosas en común. Ahora hay amistad. Cuando llegas a ese punto, las cosas triviales que os diferencian, como el color de la piel, o si vas a una iglesia, una sinagoga o a una mezquita, importan cada vez menos… Pero no es tan simple. En casos como éste, tienes tan solo una oportunidad para dejar una buena impresión, y en esa primera impresión, la mayoría de la gente te juzga. Por eso cuando trato con ellos, lo hago con absoluta transparencia. Se donde estoy yo, pero tengo curiosidad genuina. Quiero saber porque piensan así, quiero aprender de ellos… soy honesto, mi intención no es convencerles, sino escucharles… Hemos perdido la capacidad del discurso cívico, social, tenemos que recuperarla. Si no, la otra opción es destruirnos. Vemos todo lo que la persona hace, cuando no estamos de acuerdo con ella, pero no vemos que es lo que le llevó a pensar así, porque no la escuchamos. Tan solo estamos interesados en el resultado, no en la causa. Ahí es donde perdemos.”

Klan-Destine Relationships: A Black Man’s Odyssey in the Ku Klux Klan by Daryl Davis: https://smile.amazon.co.uk/Klan-Destine-Relationships-Black-Odyssey-2011-12-07/dp/B01FKSGL6I/ref=sr_1_1?dchild=1&keywords=Daryl+Davis&qid=1591816417&s=books&sr=1-1

Accidental Courtesy: Daryl Davis, Race & America: https://smile.amazon.co.uk/Accidental-Courtesy-Daryl-Davis-America/dp/B07Z1L8DLM/ref=sr_1_1?dchild=1&keywords=Daryl+Davis&qid=1591816528&sr=8-1

Joe Rogan Experience #1419 – Daryl Davis: https://www.youtube.com/watch?v=oGTQ0Wj6yIg&t=133s

Daryl Davis with the KKK: https://www.youtube.com/watch?v=1n1SKcq7J4s

Joe Rogan Experience #1427 – Melissa Chen: https://www.youtube.com/watch?v=6SLVjWbER4M&t=1s

This Black Musician Explains Why He is Friends With White Supremacists: https://www.youtube.com/watch?v=pESEJNy_gYQ

Daryl Davis on converting 200 white supremacists to leave the KKK: https://www.youtube.com/watch?v=HLtp13Rw8Kc

Why I, as a black man, attend KKK rallies. | Daryl Davis | TEDxNaperville: https://www.youtube.com/watch?v=ORp3q1Oaezw

African-American man convinces Klansmen to leave the KKK through friendship: https://www.youtube.com/watch?v=PVVFx3issHg

Antes de escribir,

Demian Melhem Quesada 06/03/2020

Llevo casi dos meses sin trabajar, esperando sin esperar a que mi jefa me llame. Cobro mi sueldo y disfrutó del día a día sin pensar en el futuro, mientras el mundo deriva en una espiral de incertidumbre imposible de comparar con nada que haya vivido hasta ahora. Me siento culpable de estar bien y de hacer poco por ayudar. Así ha sido la mayor parte de mi vida. Feliz de la suerte que he tenido y culpable de ser un granito de arena, impotente ante las olas, sin saber cómo impedir la erosión sociocultural que me rodea. Supongo que es un problema moral, como muchos de los problemas del primer mundo. Ante este contraste, ¿cómo me siento? Parece que bien, pero en la profundidad, ¿de qué color es el agua? ¿Es clara o turbulenta y llena de la sangre coagulada de heridas pasadas?

Tenía un rumbo elegido y marcado en el mapa. A la vuelta de las vacaciones de Uruguay, que justo cayó dos semanas antes del aislamiento, iba a estudiar counselling y rendir la pluma por un tiempo. Le decía a mi mente: “He aprendido a ayudar con el corazón. Estoy en camino. Voy a aprender a que tu ayudes también.” Así fue que tenía pensado abandonar el conflicto interno, la angustia del que no llega a la meta y que ni siquiera sabe ya qué camino creativo tomar. ¿Historias cortas, libros, fantasía, ciencia ficción, conflicto social, feminismo, existencialismo, videos musicales, informativos, o quizás un libro de investigación intelectual o espiritual y algunos videos? El tema es empezar. Pero, ¿cuál es el mejor camino a tomar? En cuanto surgen las dudas, mueren las ideas.

Las victorias de estos últimos años han sido triunfos colaterales. Si fuera una persona negativa, como lo he sido, diría que quien reina en los cielos es un humorista. Lo que realmente quiero, no sucede. A cambio la vida me ha dado regalos más valiosos que lo planeado. Años intentando construir una escalera que me lleve a la luna, para atrapar su luz y llenar el agujero negro que hay dentro de mí. Mientras recogía materiales, y vivía día a día, lo que rodea a la escalera comenzó a brillar. El agujero negro desapareció y la escalera me dejó de importar. Como si fuera un pionero buscando la montaña sagrada. En el camino aprende a conocerse a sí mismo quitándose las cargas del pasado, encuentra al amor de su vida, un valle iluminado por el océano en donde construir un hogar, gente a la que ayudar y amigos con los que compartir la vida. Un día se despierta y entiende que la montaña sagrada no era más que un guía. Una bonita narrativa de redención.

¿Qué escribir?

No quiero volver a construir escaleras con sueños de grandeza que me llevan a batallas pírricas. Le corté el látigo a mi ego que quiere triunfar y me engaña diciéndome que quiere ayudar. Océanos de vientos caprichosos, de horizontes que nunca se acercan, de islas que en el mejor de los casos te animan a seguir, y quién sabe si tras una  larga travesía de años escribiendo un libro, haya un continente nuevo en el que vivir. Escribe, escribe, escribe me digo cada día, y así llevo un año sin escribir. Leo los consejos de los que se dedican a esto: hazlo por placer, disfruta del proceso y olvídate del ¿para qué? Me pasó lo mismo cuando estudié Bellas Artes. Comencé el curso lleno de ideas, hice grandes proyectos, me imaginé victorias napoleónicas y acabé sin saber cómo volver a la creatividad preguntándome, ¿a quién le sirve lo que hago? ¿Qué utilidad tiene en esta sociedad?

Lo último que abandoné fue una historia corta que terminó como un aborto de libro. La vida se cruzó, como le suele pasar a casi todo escritor, y nunca pude volver. En la pausa surgieron las preguntas. Las escusas suplantaron a las respuestas. Si son escusas validas no lo sé, el tiempo lo dirá, o no. Depende de en que capítulo esté de la historia que me cuento a mí mismo. Ya sea drama o redención, cuando miro al pasado, lo real se mezcla con lo imaginado. Lo vivido contado a posteriori está cubierto por una capa de ficción que penetra la verdad dándole una nueva forma. Por más que cree universos de replicantes o elfos, el mayor proceso creativo lo fragua la mente cuando saca conclusiones acerca de las experiencias pasadas. Me refiero a esas narrativas que creamos, que si algo se aprende, cambian con los años, compuestas para darle un sentido unificado a la vida. Las experiencias acaecidas dejan de ser aceptadas tal como fueron. Son desenterradas, convirtiendo los trozos descompuestos del cadáver en islas cartografiadas. Unidas por los barcos mercantilistas que dan y quitan autoría. Trazando rumbos en donde hay derrotas, triunfos, empresas a medias y las autobiografías con finales bonitos. Todo queda justificado en mi mente cuando me considero una persona sana. Aun así, intento no solidificar como realidades objetivas las narrativas imaginadas para intentar ordenar el mundo externo y el interno. Si las narrativas que creo acerca de mi pasado cambian con los años. Si las narrativas que creo al conocer a la gente y encasillarlas también cambian. Si las narrativas que creo acerca de la economía, la política y las relaciones internacionales cambian también. Significa que mis narrativas no son más que puntos de vista fluctuantes, influenciados por el presente. Cuando hago la autopsia de las experiencias vividas, lo hago siempre desde la subjetividad de un presente en continuo movimiento. La verdad de hoy puede ser un desatino visto desde el mañana.

El 2019 empezó con fuerza. Cuatro meses escribiendo casi cada día. ¿O fueron tres? Compré más de diez libros, de teoría, historia y narrativa feminista, para expandir mi conocimiento y ponerle colores de realidad al universo que quería crear. A pesar de que sentí con mayor pena y rabia las injusticias con las que han vivido las mujeres a lo largo de la historia, mis dedos no pudieron rescatar el hilo de la imaginación. Me dije, hoy por hoy, escribir inspirado en el feminismo es defender unos ideales que imponen una visión de la realidad dual, de buenos y malos, verdugos y víctimas. Aunque yo crea que mis ideales son los correctos y que defiendo la justa causa, ¿quiero entrar en la lucha por hacer ver a algunos hombres y mujeres lo injusta que ha sido la evolución histórica de las culturas con la mujer? Así lo sentí en el 2010 cuando empecé a escribir mi primer libro. Desde entonces la lucha se ha intensificado exponencialmente. El momento decisivo, que me convirtió en un escritor en busca de paz, fue cuando los extremos se volvieron los heraldos, corriendo hacia el frente del campo de batalla con la bandera en alto, gritando: ¡O con nosotros o en nuestra contra! Cuando hay una división tan clara, hay guerra. Cuando hay guerra es casi imposible ver la causa del conflicto y la posible resolución pacífica, ya que la búsqueda de culpables y los castigos consecuentes, enturbian la forma de interpretar el pasado. Quiero enterrar el hacha, pero, ¿sé escribir sin estar en guerra?

¿Por qué empecé escribir?

Siento llegar las narrativas, cabalgando hacia el presente con medias verdades. Para empezar, los hechos. Lo primero que escribí fueron actos de rebeldía contra mi padre. Después cerré un ojo, y apunté el rifle hacia las injusticias ecológicas y sociales del capitalismo. Lo siguiente fue defender la rama especifica del feminismo. Incluso levanté el hacha contra el culto budista al que pertenecí durante 3 años, a pesar de que hoy estoy tremendamente agradecido de lo mucho que aprendí. He tenido tanta oscuridad dentro de mí, que cuando juntaba las letras, solo sabía formar sufrimiento. Si tuviera que explicar como escribía, diría: “espada por pluma, sangre por tinta.”

Profundicemos en el pasado, según las narrativas comienzan a tomar forma. Ésta manera de escribir tan intensa y violenta, es consecuente a como interpretaba lo que veía y sentía. ¿O quizás sea sentía y veía? Tenía como únicos factores de la ecuación de la vida: la corrupción de los políticos, la explotación de la gente y del medio ambiente y las injusticias originadas por un mundo en el que parecen reinar los que están centrados en sí mismos y en sus propias ganancias. Los logros de la sociedad moderna los menospreciaba comparándolos con el ideal de lo que a mí me gustarían que fueran. Ah, los ideales. La narrativa que creo hoy es que los ideales son armas de doble filo. Son la estrella Polar que nos guía cuando hay oscuridad a nuestro alrededor. Lo malo es la comparación. Al compararme con el ideal del ser humano, ya sea Buda, Jesucristo, Mahoma, Gandhi o mi vecino, me quedo corto, muy corto. En lugar de aceptar quien soy, me preocupo más por quien podría ser, o peor, por quien debería ser. Esa comparación crea un precipicio del que surge la insatisfacción. Sé lo que es la paz, cuando las circunstancia de mi vida son favorables; no como la mente de Buda que permanecía en paz ante cualquier evento. Sé amar, mientras no me hagan daño de manera intencionada; no se poner la otra mejilla tanto como Jesucristo me recomendaría. Sé creer en la voluntad de Dios, “In shāʾa –llāh” dijo Mahoma; hasta que los eventos inesperados de dolor destruyen mi convicción, haciéndome creer que vivo en una tragedia griega. Sé luchar por lo justo mientras haya pequeñas victorias entre los grandes obstáculos; no estoy dispuesto a enfrentarme a un imperio ni a morir como Gandhi lo estaba. Como dicen en Inglaterra: “The grass is always greener on the other side of the fence”. Visto desde mi jardín, el césped del vecino es más verde que el mío. En simples palabras: lo que no es, es mejor que lo que es.

De la misma manera en que todos los atributos y características de mi persona se quedan en migajas comparados con los ideales de las figuras históricas, la sociedad del presente pierde valor y es menospreciada cuando se compara con idealismos del pasado o con idealismos de lo que podría ser. Quizás, para no estar en guerra, lo que tengo que valorar no es lo que aún se puede mejorar, sino lo que ha mejorado.

¿Cómo escribir sin estar en guerra?

Cuando creo mi punto de vista al interpretar la realidad, hay una jerarquía de información. Tengo en cuenta un número limitado de factores en la ecuación. Unos factores los valoro, otros los omito o menosprecio y otros los interpreto como me venga en gana. Cada uno tiene su propia ecuación subjetiva. Cuando me siento a escribir, la voz que predomina en mi cabeza es la que esa ecuación interpreta. La oscuridad que cargaba del pasado, sólo me permitía interpretar y ver oscuridad. Como si me pusiera unas gafas con un cristal de dos colores, sufrimiento e injusticias. Esto no significa que si rompiera las gafas, el sufrimiento y las injusticias desaparecerían, sino que no serían los únicos factores de la ecuación. En ella habría el otro lado de la balanza. Si la balanza está equilibrada o no, dependerá de las circunstancias de cada uno y de como se quiera interpretar el pasado y el presente. Teniendo en cuenta que abro el grifo y sale agua potable, que ni las malas cosechas, ni el calor o el frio, ni las bestias salvajes, los fanáticos religiosos o las guerras, son un problema en mi vida presente, me resultaría hipócrita pensar que la balanza de la evolución del ser humano está en favor de lo que no hemos sabido hacer bien. Venimos de aniquilar a los Neandertales. Protegidos con taparrabos y lanzas de palo. En guerras territoriales continuas en donde las culturas surgían y desaparecían como la espuma chocado contra la arena. Llegamos hasta el colonialismo y la despreciable mentalidad racista y egocéntrica que mutiló el progreso de los países sometidos y que aún afecta. Como sugiere Jared Diamond en “Colapso”, hubo cinco razones principales para la caída de las culturas: el daño medioambiental, como la deforestación o la erosión de las tierras fértiles; el cambio climático, ríos variando el curso, largas sequías; la dependencia de rutas comerciales que se pierden o son bloqueadas por guerras; la violencia interna o externa; y las respuestas erróneas ante los problemas ambientales internos, como las enfermedades. Muchas razones a lo largo de la historia por las cuales morir de hambre, de enfermedades, violado, torturado o por un mazazo. Me estoy yendo por las ramas de lo negativo. Supongo que a veces es bueno recordar lo adversas que fueron las circunstancias que nos rodeaban, para apreciar la suerte del presente momento. Volvamos a la balanza. El otro lado lo habitan las tribus de seres humanos intentando sobrevivir en un mundo hostil. El surgir de las civilizaciones que dejaron sus legados históricos. La herencia de los artistas, médicos, ingenieros, profesores, sabios, filósofos y maestros espirituales, muchos de ellos poniendo su granito de arena para que hoy vivamos en un mundo mejor. Esta es la narrativa que quiero creer, ayudada por los argumentos de “Sapiens” de Yuval Noah Harari, “En defensa de la Ilustración” de Steven Pinker y unos cuantos libros más. Claro, también están los libros terribles que muestran el otro lado como “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, “Archipiélago Gulag” de Aleksandr Solzhenitsyn y tantos otros.

Hay otra balanza importante en donde se centra nuestra atención al percibir la realidad. En un lado está lo que nos une, en el otro lo que nos separa. La mentalidad de tribu que nos ayudó a sobrevivir a lo largo de la historia, se ha convertido en un obstáculo ante un mundo global. Nuestra tribu debería de ser la tribu humana, y ahí se acabarían muchos problemas, pero no es así. Eso es un ideal. El primer pensamiento de mi tribu en contraste con otras tribus, comienza con mi familia y las familias de los demás. Nuestro papel higiénico y el vuestro. Nuestro equipo de fútbol, nuestra religión, nuestro partido político, nuestra ciudad, nuestro país y el vuestro. En realidad, todo se puede resolver de manera simplista a que somos unos fanáticos adoradores de tribus. Cuando pertenecemos a una tribu, ya sea por nacimiento, cultura o elección, la nuestra es la mejor.

Si bien es cierto que a veces para progresar, hay que ver la balanza desequilibrada: ser negativo, juzgar y analizar; el siguiente paso, el equilibrador, ha de ser positivo: arreglar, mejorar o volver a empezar. Si nos quedamos en el primer paso, el mundo parece más oscuro de lo que es. En palabras de Steven Pinker: “Las ideas que sembraron el terreno para la elección de Trump… incluyen, ver hacia donde se dirige el mundo con pesimismo, el cinismo hacia las instituciones modernas y no ver un objetivo superior en nada que no sea la religión.” Los idealismos en contraste con el bombardeo continuo de noticas negativas de todo el mundo, omitiendo las positivas, pueden tener un efecto neutralizador. Las noticias positivas, vistas en su mayoría con escepticismo y desconfianza, no son valoradas, desequilibrando la balanza. Así ha sido para mí y para algunas personas que conozco. En lugar de hacer algo para que el mundo mejore, me centraba en mí mismo y en mis metas individualistas, mientras me quejaba de lo mal que está todo y de lo impotentes que somos. Según como lo narro en mi mente, el resurgir del populismo y de los líderes autoritarios, está ligado a la sensación de impotencia que sentimos ante un mundo que va a peor. La solución, escuchar la respuestas simples de los populistas, y darle el poder a alguien que dice que va a arreglar el mundo con su par de cojones. Otro punto de vista válido es el que expresa Sebastian Junger en Tribu: “Cuando las sociedades modernas comienzan a menospreciar el papel de la vida en comunidad, a su vez, elevan el papel del autoritarismo. Ambos factores se repelen, cuando uno sube, el otro tiende a bajar.”

Terminando con los idealismos y la ecuación que alimenta mi creatividad basada en las balanzas de la vida. Los idealismo son guías que marcan el camino, pero no creo que sea beneficioso compararnos a nosotros mismos y a nuestras sociedades con lo que podría ser. Comparar el presente con lo que podría ser el futuro o con lo que nos gustaría que fuera el presente, puede crear una visión negativa de insatisfacción con lo que en realidad es el presente. Esa insatisfacción es la causa del conflicto interno. Ese conflicto interno es el que me inspiraba a escribir. ¿Puedo escribir sin estar en conflicto? Quizás lo que he de valorar por encima es el contraste entre el pasado y el presente, sacando una conclusión positiva de progreso. 

¿Puedo escribir sin estar en guerra, sin alimentar la separación, sin formar parte de una tribu? ¿Dónde está el conocimiento que no divide, que no crea conflictos? ¿Qué es lo que nos une? Lo único que viene a mi mente es el amor y la compasión. Para cambiar, supongo que primero he de aceptar al mundo tal como es, amarlo por lo que es, con sus grandes logros, derrotas y sufrimientos. Sin duda como seres humanos no se puede negar que lo hemos intentado. Generación tras generación hemos intentamos crear un mundo mejor en el que vivir. Aunque hay una voz en mi cabeza que no lo ve así. Valora de manera negativa los logros del presente. No quiere conectar los puntos para crear narrativas de crecimiento y redención, sino de sufrimiento y explotación. Se ríe de mi positivismo y me dice que soy una persona privilegiada escribiendo desde mi posición de ventaja. Que es una inconsciencia pensar que el mundo es mejor de lo que fue, teniendo en cuenta el medio ambiente y las consecuencias negativas de un futuro erosionado por la comodidad y la avaricia de una sociedad cada día más individualista. En parte esa voz tiene razón, pero no deja de ser otra interpretación. Otra ecuación con sus datos limitados creando una generalización absoluta para defir un término que tan solo puede ser analizado de manera subjetiva. El mundo, el presente y el pasado son términos subjetivos que dependen de puntos de vista e interpretación. No es que quiera ignorar la voz crítica, sino que prefiero escuchar la voz creativa que me inspire a ayudar. Me he centrado demasiado tiempo en lo que fallamos como seres humanos, en la violencia, la crueldad, la avaricia, las injusticias, el egocentrismo y el egoísmo. Quizás sea el momento de dejar de creerme el heraldo de la verdad y lo justo. En mi lucha contra la violencia, escribía violencia. En mi lucha contra el egoísmo, me volví egoísta y egocéntrico encerrado en mi casa escribiendo. En mi lucha contra las injusticias me volví injusto con la gente que tiene puntos de vista distintos al mío. Quiero mirar en la profundidades de mi ser y ver aguas transparentes y calmas. Quiero mirar al mundo y valorar lo bueno sobre lo malo. Quiero ayudar con mis acciones a que la balanza sea positiva.

¿Qué escribir cuando llevo dos meses leyendo cada día cuantas personas han muerto? ¿Se puede ser positivo en estos momentos? Si acaso, lo positivo es soñar que el mundo va a cambiar después del aislamiento. Que el sufrimiento nos unirá y nos hará ver que tan frágiles somos. Creo haber entendido en la filosofía de Krishnamurti, que el cambio existe hoy, no en el mañana. Si vamos a cambiar mañana, no cambiaremos, ya que mañana seremos quienes seamos hoy. El cambio tan solo existe en el presente. Hoy creo que hemos cambiado. Nos preocupamos más por las vidas de los cercanos y los lejanos. Nos importa más la vida de los que trabajan en hospitales que la vida de los famosos. Nos surge una sonrisa cuando vemos a los animales salvajes rondando por las plazas. Nos inspira ver a la gente cantar en las terrazas de distintos países. Nos hace pensar cuando el mundo se detiene, nuestras metas se ponen en pausa y el medio ambiente sana. La pregunta difícil es si seguiremos siendo tan solidarios y compasivos cuando nos dejen libres nuevamente, cuando la economía se caiga, y miles de personas pierdan sus trabajos e incluso sus hogares. ¿Estaremos dispuestos a hacer sacrificios por el medio ambiente y por los demás? ¿Seguiremos siendo solidarios o volveremos a echarle la culpa a los gobiernos y a esperar que los políticos solucionen todos los problemas, mientras nosotros estamos cómodos en nuestras casas? ¿Volveremos a sentirnos impotentes al creernos las conspiraciones que dominan el mundo, o entenderemos que lo que importa es el orden que ponemos en nuestras mentes ante un mundo incierto? ¿Volveremos a una normalidad de juicios, reproches e inactividad, o haremos algo para ayudar? El tiempo dirá si cada uno de nosotros puso el esfuerzo necesario para que los cambios permanezcan. Lo que haré mañana es una narrativa imaginada. La única certeza es lo que hago ahora y de momento este texto se acaba, la pregunta ha sido contestada.

Caminos de Poder 2: El Fuego Interno

Hoy es el día, Caminos de Poder 2: El Fuego Interno ya está a la venta en Amazon. Gracias a todos los que habéis disfrutado la primera parte. En esta entrega, la aventura de las amantes toma un ritmo trepidante hasta que descubren su nuevo camino. Desde ahí hasta el final hay revelaciones que profundizan en la trama revelando el complot en el que están metidas, hasta el desenlace que sigue poniéndome los pelos de punta cada vez que lo leo. Disfrutad del Fuego Interno…

Mar de Barro

Demian Melhem Quesada 16/05/2018

Ella.
Las últimas palabras del cuento no llegan a los oídos de Alex. Entre las sabanas, abrazado a su osito, su madre le arropa con la manta. Tan solo el perfil de su rostro sobresale y la mitad de su compañero de peluche. Ella sonríe satisfecha al ver la ternura inocente de su hijo que parece inmune a las dificultades que cada día se presentan. Sale de la habitación del fondo cerrando la puerta, hacia el pasillo. A la derecha queda su habitación y en frente de esta, el baño. Se dirige hacia el fondo, pasando por la puerta de entrada a la derecha y las puertas correderas que dan al salón a la izquierda. Enciende la luz de la cocina que tintinea sin parar, con periodos cortos y largos, aleatorios. Abre la alacena en donde guarda las bebidas, sabiendo que no va a encontrar la botella de vino tinto. Sólo hay una botella de vodka. Se sirve un vaso de agua. Apaga la luz. Mira a la puerta de entrada, preocupada. El pestillo no está puesto. En el perchero falta un abrigo. Enciende la luz de la mesa que se encuentra al lado del sofá. Apaga la penetrante luz del techo. Hábitos antiguos que perduran. La luz de la cocina le molestaba aún más pero se ha dado por vencida. Sabe que ni ella ni él la van a arreglar. Se hunde en el sofá de tres plazas cubierto por dos telas, que huele al polvo acumulado en su interior año tras año.
Enciende la tele que le regaló su madre. Pone el Netflix del novio de su madre. Madmen comienza. Ve tres capítulos. Mira la hora. La una. Tiene que despertarse a las siete y media para preparar a Alex y llevarlo al colegio. Vuelve la cabeza hacia la puerta de entrada como si un milagro fuera a suceder. Son los vecinos. Un capítulo más. Despierta en los títulos de crédito, dos capítulos después. Se levanta dormida tocándose la frente. Llega hasta la puerta de entrada. Suspira. Va al servicio tropezando con una tesela de madera despegada del parqué. Se le cierran los ojos mientras orina. Se pone de pie, en frente del lavabo, él único lugar en que puede estar de pie en el minúsculo espacio. Se mira en el espejo. Sus cabellos negros muestran algunas raíces grises. Sus ojos negros están hundidos por las bolsas que le caen. Intenta estirarse el rostro, como si estuviera haciéndose un lifting. Se ríe. Sabe que ya no es joven y que no podría estar peor que con la cara de dormida que tiene y el camisón amarillo desgastado. En la cama, sus ojos miran al pasillo con la luz encendida, hasta que se cierran.

Una llave intenta abrir la puerta. Choca y araña la cerradura. La manilla isube y baja. Marta despierta. Camina dando tumbos hacia la entrada. Abre la puerta. Su marido le cae encima. En el suelo, él le dice en ruso:
—Marta, moya lyubov’ —le acaricia el rostro.
—Levántate Yulian, venga.
Ella le lleva hasta el sofá y le trae un vaso de agua. Le dice:
—Bebe, bebe, que lo necesitas.
Le vienen arcadas. Marta sale disparada hacia la cocina. Coge el balde rojo y lo pone entre las piernas de él. Vuelve a la cocina. Abre la nevera. Saca unos hielos y los envuelve en un repasador.
—Déjame que te ponga esto en la nuca, te hará bien.
—Tur, tur, todo gira.
—¿Quieres ver la tele, a ver si se te pasa?
—Da, da, Rossiya, Rossiya, mi Rusia.
Ella saca el DVD de la caja que está encima del reproductor y lo pone antes de irse a la cama.

Por la mañana, Marta envuelve en papel plata el sándwich de su hijo.
—¿De qué es mamá?
—De pate.
—¿Otra vez? ¿Cuándo me va a tocar el de mortadela y queso?
—Esta tarde compraré queso y así mañana lo tendrás. ¿Te parece bien?
—Sí, pero que sea de verdad, siempre dices lo mismo.
—Bueno Alex, tienes que entender que mamá a veces no tiene tiempo de ir a la compra. Pero mañana lo comerás seguro. Venga átate las zapatillas, que vamos a llegar tarde.
Alex se ata las zapatillas y se dispone a abrir las puertas correderas del salón.
—No Alex, tu padre está descansando.
—¿Ya volvió papá? Que bien, quiero darle un beso.
—Sí, ya volvió, pero le duele el estómago. No hagas ruido que se va a despertar.
—Quiero darle un beso, quiero darle un beso. Así se pondrá mejor.
—Papá ya se pondrá bien. Va a ir a ver el doctor. No te preocupes. Venga, vamos que llegamos tarde.
—No. Quiero darle un beso, lo necesita.
—Alex, hazme caso. Nos tenemos que ir.
—No, quiero darle un beso de sana, sana.
—Hagamos un trato. Después del médico le digo a papá que te vaya a buscar al cole. ¿Te parece bien?
—Sí, sí, guay —se dispone a salir. Vuelve la cabeza hacia las puertas correderas—. ¿Pero vendrá de verdad? Siempre dice que va a venir a buscarme y solo vienes tú. Quiero que venga mi papá.
—Sí, no te preocupes, irá seguro.

Marta vuelve al apartamento. Abre las puertas correderas del salón. Ve a su marido tirado en el suelo, al lado de un vomito que mancha la réplica del cuadro de Alexei Savrasov, Rasputitsa, atravesado por su brazo. Limpia el suelo. Pone en posición fetal a su marido. Recoge el cuadro del paisaje nevado y lo tira a la basura.

Yulian despierta al medio día. Va a la cocina. Marta está poniendo la ropa a lavar. Ella le dice:
—Justo a tiempo. Dame esas ropas de borracho, que apestan.
Yulian se quita la ropa y se la da, quedando desnudo. Ella le mira de reojo mientras él abre la alacena.
—Ah no Yulian Popov, más vodka no —le quita la botella.
—Dame el vodka mujer, lo necesito, me duele la cabeza.
—Agua Yulian. Si quieres te hago un tilo, nada de alcohol.
—Vodka, he dicho.
—¿Por qué no puedes ser un hombre normal que se toma una aspirina para el dolor de cabeza? Vodka, vodka, vodka, parece que es lo único que sabes decir.
—Dámela. Sabes que es lo mejor. Tan solo un vaso, una ducha y ya estaré como nuevo.
—No Yulian. Llegas día sí día no borracho. Vuelves a las mismas de antes Yulian Popov. ¿De dónde sacas el dinero? Porque aquí no llega ni un céntimo. Llevas dos meses sin aportar nada.
—Mis amigos, zhenshchina. Me invitan.
—¿Tus amigos? —Deja la botella en la repisa para gesticular con ambos brazos, enfurecida— ¿Qué clase de amigos son, que te quieren emborrachar cada vez que te ven? Si fueran amigos de verdad te darían dinero para alimentar a tu familia, o un trabajo, eso sí que te hace falta, un trabajo.
—Zhenshchina, no grites, me duele la cabeza. Trabaja tú si tanto quieres, yo estoy cansado —coge la botella de la repisa.
—¿Yo? Esto es el colmo. Dejé mi trabajo porque me dijiste que no hacía falta. Me dijiste que Alex me necesitaba, y ahora, ¿y ahora quién va a cuidar de Alex y de la casa? Porque apenas se te ve el pelo. Tu hijo te echa de menos.
—Ya, ya déjame tranquilo mujer que no me encuentro bien.
Se dispone a servirse, pero ella le quita el vaso.
—Dámelo Marta. Dámelo ahora, respeta a tu marido.
—No Yulian, ya basta de refugiarte en el alcohol.
—Son malos tiempos mujer, que quieres que haga.
—¿Malos tiempos? Eres un desgraciado Yulian Popov. Búscate un trabajo que te paguen nomina, algo, lo que sea, así podrás cobrar el paro y jubilarte. No sé a donde vamos contigo. Eres un inútil.
—Lo he intentado zhenshchina. No me hables así, respeta a tu marido.
Ella le quita la botella de las manos. Él agarra a su mujer de los brazos enfurecido, con los ojos ensangrentados. Le quita la botella y la empuja contra la pared. Ella cae al suelo. Él la observa unos segundos sin entender del todo lo que ha pasado. Ella está herida, agarrándose los brazos, llorando en una esquina. Él se sirve un vaso lleno. Lo bebe de un trago. Se viste y se va de la casa.

El domingo van a comer al medio día a la casa del novio de la madre. En la mesa, la madre le pregunta:
—¿Qué tal está Yulian?
—Bien, hoy está ocupado haciendo sus chapuzas.
—Sí, seguro —dice el novio de la madre.
—Sí, así es, aunque no lo creas —contesta enfadada.
—¿Chapuzas? —Pregunta el novio—. Sí que…
—Adolfo —interrumpe la madre— el niño está presente. Alex, ¿qué tal el cole?

Marta ayuda a recoger los platos a su madre. En la cocina le pregunta:
—Mamá, ¿tienes algo de dinero que prestarme?
—Sí hija, claro. ¿Cuánto necesitas?
—Lo que puedas, este mes no llegamos.
—Espera un momento, voy a ver cuánto tengo.
La madre abre un tarro de galletas. Saca sesenta euros en billetes de veinte y se los da.
—Si necesitas algo más, dímelo y la semana que viene lo tendré.
—Gracias mamá, con esto valdrá de momento. Ya te lo devolveré.
—Lo sé. Tranquila hija, no te preocupes.

El Lunes por la tarde, mientras Alex juega al futbol, Marta se reúne con sus mejores amigas en la cafetería Gaveta.
—Al fin nos vemos Martita —dice Alicia—. Ya ni te vemos el pelo.
—Tengo mucho que hacer últimamente.
—¿Has vuelto a trabajar? —Pregunta Consuelo.
—No, pero las cosas no van bien en casa.
—Uhiii, no me digas. ¿Ha vuelto a la bebida?
—No, no es eso.
—Yo no sabría que hacer con un hombre así. Un día te ama, al siguiente no aparece. ¿Por qué no te buscas a uno mejor? Aun eres joven, tienes el culo firme y las tetas a buena altura —las amigas se ríen, ella sonríe.
—No digas tonterías —dice Alicia.
—Es el padre de mi hijo y le quiero. Solo es una mala racha, ya pasará.
—¿Le tiene alergia al trabajo fijo o que le pasa? —Pregunta Consuelo—. Estar ocupado le vendría bien. Ganar unos dinerillos y vivir. Unas vacaciones y bueno, pero el trabajo es lo primero.
—La semana pasado fue a una entrevista, pero…
—¿Cómo sabes que fue? A lo mejor es todo mentira.
—No digas esas cosas Consuelo —dice Alicia—. Desde luego, que mal pensada eres.
—Los rusos no son de fiar —contesta Consuelo.
—No sé qué hacer. Ya no puedo pedirle más dinero a mi madre.
—Mi vecina está buscando a alguien para que le limpie la casa —dice Alicia—. Si estás interesada le doy tu número.
Llega la camarera. Toma la orden. Marta continúa:
—No se Alicia, no sé, a lo mejor. Algo tengo que hacer.
—Mira que dejar el trabajo —dice Consuelo—. Una mujer no puede perder su independencia. ¿Qué vas a hacer cuando seas vieja y te cambien por una nueva, más joven?
—Consuelo —dice Alicia con voz autoritativa.
—Sí, fue un error, no tendría que haberlo dejado, me confié. Todo parecía ir tan bien. Pero ahora, ya no puedo más. Alex lleva un mes comiendo pate. Y cenamos todos los días arroz o pasta con salchichas. Con eso que han dicho en la tele de la carne procesada, no tiene que ser sano para mi hijo.
—Ay hija, ¿tan mal está la cosa? —Pregunta Alicia— ¿Quieres que te preste algo de dinero?
Marta se pone a llorar. Alicia le da un clínex.
—Gracias —dice Marta.
Alicia deja su mano reposando en la de su amiga, dándole fuerzas. La miran con pena.
—Perdonadme. Que papelón. No quería que esto fuera así. Sólo quería un momento de tranquilidad con mis amigas, pero…
—No te preocupes. Para eso estamos las amigas, para apoyarnos —Dice Alicia.
—Vete a vivir con tú madre —dice Consuelo— y pide alguna ayuda del estado. Seguro que hay algo de dinerillo para madres solteras con maridos alcohólicos perdidos.
—Consuelo —dice Alicia—, mira que eres mala. Deja de echar leña al fuego, ¿no ves cómo está?
—No sé, quizás tengas razón Consuelo, pero ¿criar a mi hijo sin su padre? No, eso sí que no. No le puedo hacer eso a mí adorado del alma. Yulian ya encontrará algo. Es tan solo una mala racha, ya veréis. ¿Vosotras os acordáis de él, cuando era todo un galán? Se comía el mundo.
—Hasta que se cruzó el vodka Marta —dice Consuelo—. ¿Cuándo te vas a dar cuenta? Ese hombre no es bueno para ti ni para tu hijo.
—Déjala en paz Consuelo —dice Alicia clavando sus ojos en Consuelo—. Es el padre de su hijo —vuelve la mirada de pena hacia Marta—. Tienes razón. No pierdas la fe. Reza Martita. Dios te ayudará, ya verás.
La camarera trae los cafés. Las amigas intentan animar a Marta con historias graciosas de las cosas que les han pasado. Tocando lo malo con humor y omitiendo los mejores momentos.

A la mañana siguiente, Marta vuelve del colegio de su hijo. De camino se encuentra a su marido durmiendo en un banco.
—Despierta Yulian. Despierta que te van a ver los vecinos.
Él abre los ojos y dice:
—Moya lyubov’.
Le ayuda a levantarse. Caminan hacia el apartamento. Ella le carga como si fuera un herido de combate asistido por una enfermera. Él delira pronunciando palabras en ruso y en castellano, como si estuviera hablando con un ser invisible, refiriéndose de vez en cuando a su amada, moya lyubov’.

En el apartamento, ella le mete en la ducha de agua fría. Él grita y le dice que ya puede él solo. Sale de la ducha desnudo. Camina por el corredor mojando el suelo, hasta llegar a la alacena.
—Marta, ¿dónde está el vodka?
—Ya no queda. Te lo has bebido todo.
—Zhenshchina, mujer, no mientas. Lo compré ayer o antes de ayer, no me acuerdo, pero aún quedaba.
—Comida Yulian, comida es lo que hace falta en la casa, no vodka.
—Marta, el vodka, ¿dónde está?
—Lo he tirado Yulian, ya no…
—¿Lo has tirado? ¿Quién te crees tú para tirar mi vodka? Soy tu marido, lo compre con mi dinero. ¿Y ahora qué voy a hacer? Tienes que reponerlo, tienes que reponerlo zhenshchina. Dame diez euros o lo que tengas.
—Esto es el colmo, el colmo —dice gritando—. Eres un desgraciado. ¿Cómo te atreves a venir a pedirme dinero? No vales para nada. Tendría que haberte dejado hace tiempo. Ruso inútil, tanto cuerpo, y ¿para qué?, ¿para qué? No vales para nada.
—Zhenshchina calla, calla mujer que me estás sacando de quicio. Ya no puedo más de vivir aquí contigo, diciéndome que es lo que tengo que hacer con mi vida, presionándome todo el tiempo. Si vivo en este país de mierda es por ti y por mi hijo. Si pudiera me iría a Moskva y te dejaría aquí sola. Como te dejó tu padre. ¿Es eso lo que quieres?
Ella se sienta en el sofá y le dice entre lágrimas:
—Eres un hombre Yulian. Apechuga con tus responsabilidades y deja de soñar con tu país. Tienes responsabilidades, tienes un hijo, y yo soy tu mujer y te tengo que mantener, es el colmo. Soy yo quien ha pagado estos últimos meses las cuentas de la casa, la comida, todo, mientras tú te emborrachas.
Él se dirige a la entrada en donde el bolso de Marta cuelga del perchero. Marta se levanta del sofá, histérica. Los dos tiran del bolso entre gritos hasta que él le da un bofetón. Ella cae al suelo llorando. Él la mira confundido con el bolso en la mano. Le dice:
—¿Ves lo que pasa cuando te pones pesada?
Ella contesta entre lágrimas:
—Toma el dinero y vete, vete de aquí borracho inútil.

Esa misma tarde, Alex sale del colegio y se encuentra con una sorpresa, su padre. Marta sonríe al verle. Alex corre a los brazos de su papá.
—Hoy vamos a ir al parque a jugar —saca un regalo de la bolsa—. Toma, te he comprado una pelota.
—Gracias papá, te quiero, te quiero.
—Yo también te quiero hijo.

En el parque, ella se sienta en un banco. Ve jugar a padre e hijo con una sonrisa.

Él.
Unos días antes, en el salón, Yulian le muestra a su hijo fotos antiguas. Los dos parecen la misma persona viajando en el tiempo. Ambos con la frente ancha, pelo castaño, ojos marrones hundidos, nariz fuerte, rostro rectangular y orejas pequeñas. Lo único que tiene de la madre es la boca de labios regordetes.
—¿Y esta foto con mamá, en dónde es? —Pregunta Alex.
—En el Teatro Real, moya malen’key. ¿Te acuerdas que fuimos el año pasado?
—Sí, sí, ya me acuerdo.
—Allí es donde conocí a tu madre. En una obra de Chéjov.
—¿Quién es Yejov? —El padre sonríe.
—Chejov. Un gran escritor ruso. Cuando seas mayor te prestaré sus libros.
—Mamá era muy guapa —el padre ríe.
—Sí, sí que lo era, aunque algo le queda.
—¿Ella era tan buena bailarina como tú?
—No, yo era el mejor bailarín por aquellos tiempos. Gané varios premios. Me conocían en todo el mundo. Los buenos tiempos, moya malen’key.
—Yo quiero ser un bailarín como tú y viajar y conocer el mundo.
—Es mejor estudiar moya malen’key.
—No quiero estudiar, el colegio es aburridísimo. Odio despertarme temprano y las matemáticas y los deberes, es muy aburrido y difícil.
—Ser bailarín profesional es aún más difícil que ir al colegio. Requiere de mucha disciplina.
—¿Qué es disciplina?
—¿Disciplina, malen’key? Como te lo explico…, ya sé, disciplina es hacer lo que es bueno aun cuando no tienes ganas o aun estando cansado. Como cuando vas al cole cada mañana, lo haces porque es bueno aunque no quieras.
—Si pudiera no iría, pero mamá me obliga —el padre sonríe.
—Ya veo, entonces es como cuando vas a jugar al futbol, pero no tienes ganas, pero sabes que tienes que ir porque es bueno —el hijo pone cara de duda, dispuesto a argumentarle lo contrarío a su padre—, o algo así, ya lo entenderás con el tiempo. Entrenar requiere de mucha disciplina y si quieres ser bueno en algo, tienes que entrenar cada día. Pero eso es lo bueno también moya malen’key. Estar concentrado, mejorando cada día, viviendo con intensidad, con un propósito definido, apreciado por todo el mundo, pero dura poco, demasiado poco y es muy competitivo. Es mejor estudiar moya malen’key.
—Me da igual que dure poco, el colegio es aburrido. Yo quiero ser un bailarín como tú, entrenar y tener disciplina. Ir al Teatro Real de Madrid, al Teatro Real de Moscú y de Francia. Ser el más alto y grande de los bailarines, como tú.
El padre ríe y le pregunta:
—¿Te acuerdas cómo me llamaban?
—Sí, sí, el Gran Loskov.
—No, casi. El Gran Vostok, en honor a la nave espacial en la que viajo el primer hombre por el espacio. ¿Te acuerdas cómo se llamaba?
—¿Gagarin?
—Sí, muy bien Yuri Gagarin. Me decían que era tan alto que alcanzaba a las estrellas en donde Yuri Gagarin me esperaba con su nave espacial. Aquellos sí que fueron buenos tiempos. Pero volverán Alex. La semana que viene voy a unas pruebas. El Gran Vostok volverá a su gloria.
—Sí y ¿me llevarás de viaje contigo? No quiero que te vallas, hace mucho que no jugamos.
—No te preocupes mi gran Alex, pronto estarás orgulloso de tu padre. Volveré a ser portada de las revistas culturales. El Gran Vostok resurge de las cenizas.

En el salón, Marta le arregla el cuello de la camisa a su marido.
—Seguro que lo conseguirás Yulian —dice ella—. Has estado entrenando cada día, hasta te brilla el cutis. Vuelves a ser El Gran Vostok. Aunque para mí siempre lo has seguido siendo moy lyubov’ —se pone de puntillas y le da un beso en los labios.
—Esta vez tiene que ser. Ya me veo como el profesor Woland —dice mirando al cuadro nevado de Alexei Savrasov.

Después de la audición, Yulian acude cabizbajo al bar ruso de siempre, el Kvass. En lo único que se diferencia del típico bar madrileño es en la selección de vodkas, las tapas y las fotos de Rusia que cuelgan en las paredes. Por lo demás, todo es igual; la televisión entreteniendo a los clientes, las servilletas de papel acumuladas entre los taburetes, a lo largo de la barra, la máquina de tabaco y los baños sucios y dejados.
—El Gran Vostok llegó —grita uno de sus amigos—. ¿Qué tal fue?
—Net, net. Nichego khoroshego, Yegor. No creo que me lo den. El director era un maricón remilgado.
—Vamos Yulian, si tienes más amigos gais que canas. No digas tonterías.
—Sí Yegor, lo sé, o los tenía, pero este era uno de esos raros con una vara en el ojete. Creo que no le caí bien. Además la obra es una farsa. ¿Cómo van a representar Al Maestro y Margarita sin nuestra gente? Sólo había españoles imaginándose tan buenos y guapos como nosotros.
Iosif, el dueño del bar, amigo de Yulian se acerca y dice:
—Nada que no se solucione con vodka.
Pone tres chupitos dobles. Los tres hombres levantan los brazos con el vodka diciendo:
—Tvajó zdaróvye.

Unos días más tarde en el Kvass.
—Yulian, sabía que tú estás aquí—dice un hombre fornido, de cabello rubio rapado y rostro de facciones comprimidas.
—Polaco, se te ve bien, pareces hasta ruso, aunque no tanto —se ríen.
—¿Un vodka?
—¿Qué clase de pregunta es esa? Que sea doble —el polaco ríe.
—Iosif, dos dobles, de Debowa, no quiero la imitación rusa.
—No has cambiado, sigues provocando al viejo Iosif.
—Ah, si él sabe. El vodka polaco es el mejor.
—Aquí tienes, mudak —dice Iosef. El polaco le guiña el ojo.
Los amigos levantan sus dobles y dice en polaco:
—Twoje zdrowie.
—¿Aun en Madrid? —Pregunta Yulian— ¿Tú no escapar?
—Net, net. Ya sabes, la familia. Me atrapó una española.
—Bien atrapado para tú quedar con los españoles.
—Tengo un hijo Emil, que quieres que haga.
—Llévatelos a la tierra madre, a tu Rusia amada.
—Marta no quiere criar a Alex lejos de su familia. Además, le tiene miedo a Putin. Dice que dentro de poco será la tercera guerra mundial, que mejor estamos en España que no pinta nada. ¿Y tú? Tendrías que volver a Madrid, en nada os invadimos —se ríen.
—Nie, Nie. Allí muy bien. Bueno, sabes. Ser inmigrante chujowy, mierda, mierda.
—Sí, lo se polaco, pero es lo que hay. ¿Qué tal tu vida? ¿Qué tal por Polonia?
—Más feliz que siempre. Yo mejor allí que en la España. Mucho cambió todo. Conseguí trabajo en el teatro.
—¿Danza?
—No, escenarios, creando. Tú sabes, la danza, no ser bueno para mí.
—¿Qué dices Emil? Si eras bueno entrenando la mitad que los españoles. Lo malo eran las fiestas que te pegabas entre obra y obra.
—Nuestras fiestas viejo amigo. Pero, nie, nie Yulian, no más baile, mucho estrés. La gente le gusta, no le gusta, sonreír siempre, sonreír compañeros, director estúpido. No ser para mí, nie, nie. Soy viejo, quiero la madre de mis hijos.
—¿Tú polaco? No me hagas reír.
—Sí, sí. Ahora en Polonia, con dinero. ¿Qué más para hacer en la vida? España darme mucho, pero la vida termina.
—Muchas mujeres.
—Mucho alcohol. España ser muy buena, muy buena danza, muy buenas miujeres y fiesta, pero eso terminó. ¿Y tú cómo estás? ¿Volver a la danza?
—Net Emil. Estos españoles no saben nada de danza y, bueno, estoy un poco viejo.
—Viejo y borracho —dice entre risas.
—Y sí, borracho, es lo único que me queda. Echo de menos la intensidad de aquellos tiempos.
—Dar clases Yulian, dar clases o dirigir. Tu conocer todas las obras de teatro y danza. De Grecia a Rusia, Francia, Alemania y Inglaterra —Yulian sonríe—. Haz algo. Este país de sol y calor terrible es para hacer algo. ¿Aun… aun… aun echas un menos la nieve? Ah, no sé ni hablar aquí ya. Puto español —se ríe.
—Siempre. El calor de Madrid es inaguantable. Pero, es difícil polaco. Ahora más que nunca, cada día nos quieren menos. Te fuiste en un buen momento.
—Siempre ser un extraño en la España. Siempre ellos verte con miedo, así es, tú lo sabes.
—Sí, pero que se le va a hacer, tengo a mi familia.
—Tú el hijo español, Yulian, el hijo español. ¿Acuerdas cuando nosotros reímos de tener el hijo español? —Yulian contesta con una media sonrisa—. Llévalo a la Rusia. Tú no querer el hijo español que casarse con la española, tendrá los hijos y ya nunca volver a tú amada la Rusia. Llévatelo. Tú volver a la Rusia, la tierra madre.
—Volver sin dinero, sin nada, solo con un hijo, no se Yulian. No están tan mal los españoles, lleva tiempo adaptarse, pero ahora estoy tranquilo, son buena gente.
—Tú ahora español. Hablas como el español. Con el acento.
—Y sí, aprendí para ver si conseguía algo de actor.
—¿Y qué pasar?
—Nada, hay que conocer gente, tener contactos.
—Amigos, como siempre. Sin amigos españoles nada. ¿Alguno tienes?
—Un par.
—Mucha suerte. En mis años de España nunca tener el buen, buen amigo español, nunca. Amigos de fiesta, juerga, amigos de dinero, pero nunca el buen, buen amigo español. Rusos, Eslavos, incluso el griego, sí. No el español, nunca.
—Bueno, siempre echaste de menos Polonia. Comparando una cosa con la otra. Así no se consigue nada. Pero dime ¿qué haces aquí? ¿Qué has venido a hacer?
—Negocios Yulian, negocios. Unos buenos.
—Si vas de empresario pagas tú el vodka —ambos ríen.
—Sí claro, claro Yulian. ¿Quieres el trabajo?
—¿Con quién polaco? Mira que no me gusta la gente con la que tratabas.
—Si no necesitar el dinero, tú pagas la vodka —se vuelven a reír.
—Una ayuda no vendría mal, apenas me da para mantener a mi familia —Mira a la barra, levanta el brazo—. Iosif, dos dobles.

El documental de viajes de Rusia termina. Con la última nota Yulian abre los ojos. Se pregunta si estuvo en el suelo entre los brazos de su mujer. Recuerda acariciarla, el hielo en el cuello. Se sienta y observa el cuadro de Alexei Savrasov. Se levanta tambaleándose. Lo toma con sus manos, elevándolo hacia el techo. Llora añorando la tierra madre.
—Moya Rossiya, moya Rossiya.
Se marea. Tropieza con el cubo lleno de vómitos. Cae al suelo atravesando el cuadro de Alexei Savrasov con su brazo derecho. Vomita encima de la pintura rota y pierde la conciencia.

Al día siguiente de jugar con su hijo en el parque, Yulian se reúne con Emil. Entran en un bar de luz tenue, con la televisión a todo volumen retrasmitiendo un partido de futbol. Los borrachos locales están reunidos, en su mayoría polacos o de Europa del este. Baja por las escaleras que llevan al servicio. Entran al almacén. Al lado de la puerta del fondo hay un par de hombres sentados en una mesa. Ven al polaco y le preguntan:
—¿Quién es este?
—Tranquilo, es el ruso tan malo como tú. Olek quiere que él, quiere verle.
Se levanta. Golpea la puerta tres veces. Habré la puerta y chilla:
—Otwarte. Emil y uno.

Caminan por un pasillo corto, hasta llegar a otra puerta. Emil golpea tres veces. Olek les dice que pasen. Entran en una especie de oficina. En la pared del fondo, entre medias de dos estanterías con archivos, estatuas y medallas, hay una bandera de Polonia con la oz y el martillo en dorado. A la derecha hay una puerta cerrada. En la esquina hay una mesa en donde dos hombres rocosos con abrigos de cuero negro juegan a las cartas. Les miran serios, aunque parecen miradas de desprecio. En frente, delante de la bandera hay un hombre tan flaco y alto, que la espalda se le encorva hacia adelante. Parece como si le colgaran los brazos que caen sobre el despacho de madera oscura. El hombre de pelo canoso, ojos azules y arrugas marcadas, sentado en un sillón de color crema, le dice:
—Yulian Popov, el Velikiy Vostok. Privetstvennyy brat.
—Spasibo Alexandru.
—Aleksander, pronunciado por un ruso culto. Que bien suena. Pero aquí me piuedes llamar Olek. Al fin tiú atrieves a venir a verme. Sabía que este día llegaría. ¿Tie gustan las apuestas?
—No.
—Haces bien. Yo solo me giustan cuando mis clientes apuestan. Déjame vierte, acércate —Yulian se acerca al despacho—. Más cerca, ven, ryadom so mnoy—. Yulian queda enfrente de Olek, la cintura a la altura de su rostro. Le mira las piernas y las toca con sus dedos largos de articulaciones tan anchas que parecen tuercas. Le mira el paquete. Le agarra de las manos, grandes y fuertes. Se levanta, y le estruja los brazos. Le toca los hombros—. Eres un hombre imponente Yulian. Tiú puedes servir. Sientaros.
Ambos se sientan en los dos sillones marrones de cuero, en frente de la mesa. Olek continúa:
—Hay gente que jiuega y jiuega más dinero del que tiene, pero eso no importa. El dinero se consiguie con algo de esfuerzo y el esfuerzo requiere motivación. Tiú serás un buen apoyo para uno de mis chicos. ¿Estás interesado?
—¿Qué quieres que haga?
—Nada complicado. Acompaña a Kirill —Yulian mira a su derecha—. Él no estiá aquí ahora, ya te lo presentaré. Pon cara de duro y amenaza, con la mirada. Kirill hará el resto. Pero quizás la cosa vaya mal, pero el polaco dijo que sabes pilear. ¿Sí?
—En alguna pelea que otra he estado cuando trabajaba en discotecas, pero preferiría no hacerlo, tengo familia.
—Ese triabajo no es digno para el Velikiy Vostok. Estoy contento que hayas venido. Los rusos sois bienvenidos en mi hogar. Aquí con niosotros vas a estar mejor y los puños no son niecesarios, no siempre. Eso diepende de Kirill y de ti. El desgraciado diebe tres mil euros. No miucho, pero quiero mi dinero. Como es tu primer triabajo, y soy generoso, te daré el diez por ciento. ¿Qué te parece? Trescientos euros, una hora de triabajo y si vales, aquí hay triabajo siempre. Miejor que discoteca, ¿eh?

Antes de ir a su nuevo trabajo, Yulian pasa por el Kvass y se toma unos vodkas con Emil. El A6 negro que conduce Kirill le pasa a buscar. Dan una vuelta aclarando los planes. Estacionan esperando a su presa.
Saben que cierra la joyería a las ocho y que tiene su coche en el estacionamiento de la siguiente cuadra.
—Iese —dice Kirill señalando.
—Da.
El coche para detrás de él. Kirill abre la puerta. Agarra al transeúnte despistado por la espalda. Le da un puñetazo en el hígado y lo mete dentro del coche.
—¿Quiénes sois? —Pregunta con un acento francés.
—Amigos de amigo que diebes el dinero.
—Os habéis equivocado, no le debo dinero a nadie. Me están espe…
—Corso, saberemos quien ieres, y saberemos dionde tú vives. Vamos tu caso. Vamos ver que niosotros encontraro. ¿Alguna joya, dinero o joya y dinero? Te tienemos por los huevos.

Llegan a un soportal en Chamberí. Abren las puertas externas de madera del ascensor. Entran los tres. Cierran la puerta interna de hierro. El corso le da al último piso, el octavo. Insiste que no tiene nada de efectivo o joyas en su apartamento, que están perdiendo el tiempo. Kirill le pega un codazo en el estómago y le dice que calle. El corso abre la puerta de su apartamento. Kirill le pega una patada en el trasero. El corso cae al suelo.
—Cuida que él no se muevo —dice Kirill.
Kirill saca la pistola que tenía guardada en la espalda, a la altura de las lumbares. El corazón de Yulian se dispara. No esperaba ver un arma. Kirill recorre el apartamento de decoración lujosa de tonos negros y blancos, con algún elemento de plata y oro. No encuentra a nadie. Guarda la pistola sonriendo.
—Buen apartamento corso. Mi gusta.
Se acerca al equipo de música y dice:
—Todo de liujo corso, mi gusta. Mucha calidad. Pongamos algo que no molestar las vecinas. Veamos. Música clásica, aburrida, opera, aburrida, Rod Steward, Tina Turner. ¿Eres un hombre de los ochienta corso? Michale Jakson, Thriller, sí, mi parece bien ¿Tu qué crees Yulian? —Él contesta con un gesto de hombros. Kirill pone el vinilo de Thriller.
—Sujétale Yulian, vamos a calentar. ¿Dónde tienes la caja fuerta?
—No tengo nada —Kirill le golpea en los riñones.
—Joyas o dinero o joyas y dinero, tu elijes. Tres mil euros. O tú nos das o te arrianco la uña con las pinzas, una y diespués otra, diespués dedos, hasta que no piuedas tú hacer más pajas. Cuanto más tarde más caro es el intereso —le da otro puñetazo, esta vez en la boca del estómago. El corso cae al suelo.
—Espera, espera. Ya basta. Te daré lo que quieres.
Se agacha. Saca unos libros de la estantería y abre una caja fuerte. Yulian está detrás suyo. El corso se da la vuelta, aun de rodillas, con el dinero en la mano derecha. Kirill se acerca. El corso saca una pistola con la mano izquierda. Yulian se queda en blanco. El corso dispara a Kirill una vez en el estómago y otra en el pecho. Yulian reacciona. Agarra una estatua de cobre del busto de Pasquale Paoli. El corso se da la vuelta para disparar. Antes de que le dé tiempo le golpea en la cabeza. El corso cae al suelo. Yulian le sigue golpeando fuera de control. Recupera el aliento. Toma el dinero de la mano y se prepara para irse corriendo. Comienza el tema de Billie Jean. Se da la vuelta y vuelve a ver que hay en la caja fuerte. Encuentra una bolsa de papel llena de billetes de quinientos euros. Sale del apartamento cubriéndose la cabeza con un gorro de montaña, mirando al suelo, aun con el busto ensangrentado en la mano. Corre zigzagueando por las calles. Abre la tapadera naranja de un contenedor. Recoge los restos de una hamburguesa. Saca la servilleta llena de mayonesa y kétchup que hay debajo y limpia la estatua antes de dejarla. El corazón le sigue palpitando al galope. Se siente bien y no es capaz de entenderlo. La adrenalina y la intensidad del momento le hacen recordar aquellos tiempos en los que la vida era un hacer continuo, cuando era El Gran Vostok. Se alegra de estar vivo. Un movimiento en falso y podría haber sido él quien yaciera desangrado en el apartamento. Sonríe mientras camina y recuerda lo sucedido.

En la oficina de Olek:
—Aquí tienes los tres mil euros.
—¿Diónde está Kirill?
—Muerto.
—¿Muerto? ¿Por tres mil euros?
—El corso tenía una pistola.
—¿Y el corso? ¿De diónde sacó la pistola?
—No sé, creo que la llevaba encima. Está muerto también. Le golpee demasiado fuerte.
—¿El corso está muerto? Eso no es bueno Vostok, traerá problemas, pero tú vales Vostok, has sobrevivido. No entiendo. ¿Una pistola? Las cosas van a poner difíciles. ¿Tenía más dinero?
—No sé. Solo tomé lo que tenía en la mano y salí corriendo.
—¿Estás tú sieguro bailarín?
—Sí, solo quiero mi parte y ya. Esto no es para mí. Tengo una familia. No quiero acabar en la cárcel.
—Aquí muchos tienemos familia, que crees. No hagas de santo. Ahora estás en el otro lado. Tomaste la vida de un hombre. ¿Lo disfrutaste?
—Dame mi dinero y déjame ir.
—Muy bien Vostok, aquí tienes —dice sonriendo, poniendo su parte sobre la mesa—. Cuando te necesite vendrás, así son los niegocios ahora. Vendrás porque quieres mi ayuda.

Marta oye a su marido llegar a casa. Se acuesta a su lado oliendo a alcohol. Él no puede dormir. Dos horas más tarde se marcha dándole un beso a su hijo mientras duerme. Marta se despierta y ve cinco mil euros en la mesa.

Yulian va al aeropuerto. Compra un billete para Moscu que sale en seis horas. Mientras hace la cola para pasar al control policial, ve a una niña despidiéndose de su padre y se acuerda de Marta y su hijo. Pasa por el control esperando sentirse libre, pero la boca del estómago se le tensa haciéndole sentir incómodo. Se sienta. Mira su anillo de boda. Suspira. Sonríe a medias. Se lo quita. Va a tomarse una cerveza. La imagen de su familia es más poderosa que la imagen de Rusia. Va a pagar y ve la foto de su hijo en la billetera. Las lágrimas intentan salir. Una se escapa. Las demás son contenidas por sus dedos que presionan sus ojos. Toma tres cervezas más, echando miradas a una mesa con cuatro mujeres jóvenes. Una de ellas le mira. Él sonríe. Las mujeres se levantan y se van. Ve a un padre con su hijo comiendo en la mesa de al lado. Viene la madre. Se sienta junto a ellos. Otra media sonrisa se dibuja en su rostro. Nuevas lágrimas intentan salir. Se tapa la cara. Mira sus manos y dice:
—Sooka, zhopa. Polnyi pizdets.
Saca el anillo del bolsillo, lo mira. Se ríe de si mismo. Se lo pone y vuelve.

Una calle antes de llegar a su casa, aparecen tres tipos que le dan una paliza. Caminan cargándole de los hombros hasta llegar a un coche. Se pone en marcha y le preguntan:
—¿Dónde está el dinero?
—¿Qué dinero?
—No te hagas el tonto. Aleksander dijo que estuviste allí.
—No se de que hablas.
—El dinero del corso, no era suyo. Es nuestro. Nos pertenece.
—No se de que dinero… —Le golpea en la cabeza hasta dejarlo inconsciente y le registran. Le abofetea y le despierta.
—Faltan cinco mil quinientos euros. ¿Dónde están?
—No los tengo.
—No tienes ni idea de con quien estás hablando. Sabemos donde vives, sabemos que tienes una familia. ¿Si quieres volver a verlos danos el dinero?
—Está bien, os lo daré, dadme un día y os lo doy.
—Mañana, misma hora, en la puerta de tu casa.
El coche se mete por una calle lateral y se detiene. Le empujan afuera.

Yulian sale del ascensor tocándose las costillas, por encima del hígado. Entra en su casa. Marta se acerca con los ojos rojos de haber llorado. Le dice desde el pasillo:
—¿Dónde has estado? Pensé que no ibas a volver.
—Papá —se oye desde la habitación.
—Dios mío, ¿qué te ha pasado? Alex, ven Alex, papá esta malo, ya le verás luego —dice dándose la vuelta y tapándole el camino a su hijo.
—Quiero ver a papá.
—Ahora no Alex, papá está malo. Deja que descanse un poco.
—No, quiero verle ahora.
—Basta ya Alex Popov. Haz lo que te digo o te quedas sin fútbol. Vamos, a la habitación, ya verás a papá luego.
—Joooo…
Marta le trae un vaso de agua a su marido.
—Vodka, ahora sí que lo necesito, moya lyubov’ —se limpia la sangre del labio inferior. Ella le quita el abrigo.
—¿De dónde sacaste ese dinero?
—El dinero, lo necesito.
—¿Todo? Ya no queda casi.
—Qué dices mujer, si no lo devuelvo estaré en problemas.
—¿En qué lio te has metido Yulian?
—El dinero Marta, ¿Dónde está?
—Lo usé para pagar las cuentas atrasadas y le iba a devolver el dinero a mi madre y mira por fin tenemos la nevera llena. He comprado para hacer tu comida preferida, carne a la stroganoff. Incluso te he comprado vodka. Déjame que te traiga un vaso.
Ella le trae un vaso lleno que Yulian lo bebe de un trago. Ella le limpia la sangre, le acaricia y le dice:
—Estoy tan contenta de verte, pensaba que… bueno, estás aquí. ¿Y ahora que vamos a hacer?
—Dame lo que quede, ya me encargaré de conseguir el resto. He encontrado un buen trabajo.

Demian Melhem Quesada